Una nave de la NASA logra llegar a un planeta enano por primera vez

La nave espacial Dawn de la NASA ha hecho historia este viernes. Después de recorrer casi 5.000 millones de kilómetros en un viaje de siete años y medio, la sonda ha entrado en órbita de Ceres, convirtiéndose en el primer artefacto humano que visita un planeta enano. La llegada a este objeto, el más masivo del cinturón principal de asteroides entre Marte y Júpiter, proporcionará nuevos datos para comprender los orígenes de nuestro Sistema Solar y, por consiguiente, también de la Tierra.

Los controladores de la misión en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California, recibieron la señal de éxito a las 14.36 horas de este viernes. Todo había salido según estaba previsto. La nave, en perfectas condiciones y propulsada por su motor de iones, fue capturada por la gravedad del planeta enano cuando se encontraba a 61.000 km de distancia.

«Desde su descubrimiento en 1801, Ceres ha sido conocido como un planeta, un asteroide, y más tarde un planeta enano», recuerda Marc Rayman, ingeniero jefe de Dawn y director de la misión en el JPL. «Ahora, Dawn puede llamar a Ceres su hogar».

Además de ser la primera nave espacial en visitar un planeta enano, Dawn también puede presumir de ser la primera misión espacial que ha orbitado dos objetivos extraterrestres. Entre 2011 y 2012, la nave exploró el asteroide gigante Vesta, lo que facilitó nuevos conocimientos y miles de imágenes de ese mundo lejano. Este tour de dos paradas por el Sistema Solar ha sido posible por el sistema de propulsión de iones de Dawn que, según la NASA, ha resultado mucho más eficiente que la propulsión química.

Cráteres y puntos brillantes
Las imágenes más recientes recibidas de Dawn, tomadas el 1 de marzo, muestran a Ceres, una roca de unos 1.000 km de diámetro, como una media luna, con su mayor parte en sombra debido a que la trayectoria de la nave la deja en un lado que queda lejos del Sol hasta mediados de abril. Cuando Dawn emerja del lado oscuro de Ceres, entregará unas imágenes mucho más nítidas a medida que alcance órbitas más bajas alrededor del planeta enano. De momento, las fotografías recibidas de este mundo ya han despertado la imaginación, al mostrar numerosos cráteres y, sobre todo, unos curiosos e inesperados puntos brillantes o manchas blancas cuya causa no está del todo aclarada.

Vesta y Ceres están situados muy cerca pero son muy diferentes entre sí. Mientras Vesta es convulso, seco, experimenta calores extremos y erupciones volcánicas, Ceres no alcanza temperaturas suficientemente altas como para fundir las rocas y parece contener agua en abundacia, que expulsa al espacio en forma de vapor de agua.

«Nos sentimos eufóricos, tenemos mucho que hacer durante el próximo año y medio», ha dicho Chris Russell, investigador principal de la misión en la Universidad de California, Los Angeles (UCLA). Tanto Vesta como Ceres estaban en camino de convertirse en planetas como la Tierra o a Marte, pero su desarrollo fue interrumpido por la gravedad de Júpiter, por lo que los astrónomos consideran estos dos cuerpos como «fósiles» de los albores del Sistema Solar, que pueden dar muchas pistas sobre su formación.



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