15/4/15

Resuelto el misterio de las dunas de Titán

Con su densa y brumosa atmósfera, sus ríos, montañas, lagos y dunas, Titán, la mayor Luna de Saturno, es uno de los lugares más parecidos a la Tierra de todo el Sistema Solar. Pero a medida que la sonda Cassini ha ido examinando, año tras año, ese enigmático mundo, las preguntas y misterios se han ido acumulando sobre la mesa de los investigadores.

Uno de ellos hace referencia a las dunas de arena, aparentemente formadas por el viento, en el ecuador de Titán. Porque resulta que esas dunas apuntan justo en dirección contraria a las corrientes de aire que circulan justo por encima de ellas.

Y ese es precisamente el problema: Las simulaciones climáticas indican que los vientos que barren la superficie de Titán soplan en dirección oeste. ¿Por qué entonces las dunas, que llegan a alcanzar cientos de metros de altura y muchos km. de largo, apuntan hacia el este?

El «empeño» de estas dunas por apuntar en la dirección opuesta a los vientos se ha querido atribuir durante mucho tiempo a los efectos de las mareas gravitatorias del gigante Saturno, o incluso a las características orográficas de la superficie o a la dinámica de los propios vientos. Sin embargo, ninguna de estas soluciones ha acertado a explicar esta misteriosa «preferencia» por el este.

La respuesta, según un equipo de investigadores dirigido por el astrónomo Benjamin Charnay, de la Universidad de Washington, podría estar en la atmósfera de Titán y a mucha altura sobre la superficie. Allí, en efecto, se producen violentas tormentas de metano que, estas sí, van en la misma dirección que las dunas. El trabajo se publica esta semana en Nature Geoscience.

Utilizando modelos informáticos, Charnay ha llegado a la conclusión de que el comportamiento de las dunas arenosas de Titán se debe a una rara clase de tormentas de metano (que tienen lugar solo una vez cada quince años), que producen violentas ráfagas de viento en dirección este. Ráfagas que son mucho más fuertes que las corrientes superficiales, que van en dirección contraria.

«Estas ráfagas hacia el este -explica el investigador- son muy rápidas y controlan el transporte de arena, y justifican por lo tanto el echo de que las dunas apunten en su misma dirección». Los cálculos indican que estos vientos procedentes de la atmósfera alcanzan una velocidad de hasta 10 metros por segundo, diez veces más de la que tienen las suaves corrientes de aire que barren la superficie de Titán.

Las tormentas atmosféricas de metano se producen durante el equinocio de Titán (una vez cada 14,75 años), cuando los días y las noches tienen la misma duración. Y tienen el suficiente poder para realinear las dunas. El último equinocio tuvo lugar en agosto de 2009.

Este hecho, además, probablemente ayuda a explicar por qué la atmósfera de Titán está en «super rotación», es decir, que rota a mucha más velocidad de lo que lo hace la propia luna.

Charnay afirma que, al principio de su investigación, trató de resolver, sin éxito alguno, el problema con un modelo climático que no tenía en cuenta las nubes atmosféricas de metano. Y entonces se dio cuenta de que precisamente en esas nubes podía estar la solución.

«Ha sido como una especie de juego de detectives -afirma el científico-. Como sucede a menudo en el caso de las ciencias planetarias, tenemos muchos misterios y solo unas pocas pistas para resolverlos».

Charnay explica que las observaciones directas de la Cassini podrían ser la mejor forma de confirmar su hipótesis. Desafortunadamente, la misión Cassini llegará a su fin en 2017 y el próximo equinocio de Titán no tendrá lugar hasta el 2023.

«Pero habrá otras misiones -explica-. Quedan aún un montón de misterios en Titán. Por ejemplo, aún no sabemos cómo pudo formarse una atmósfera de nitrógeno tan densa. Y tampoco podemos excluir totalmente la posibilidad de que haya vida allí, quizá en los mares y lagos de metano de la superficie. Titán es un mundo fascinante y en plena evolución y que debe aún ser entendido por completo».



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