«Los telescopios Cherenkov son una ventana al universo»

Al levantar los ojos hacia el cielo nocturno, no es extraño que la luz que llega desde las estrellas haya viajado durante cientos de años y recorrido enormes distancias hasta atravesar las pupilas. Pero los fenómenos que ocurren aún más allá, en las profundidades del espacio, son indetectables para ellos.

Por suerte, hay herramientas más potentes que el ojo humano, como por ejemplo los telescopios para rayos gamma de alta energía. Precisamente, la Red de Telescopios Cherenkov (CTA en inglés) ha aprobado este jueves la instalación de un gran complejo de este tipo de telescopios en el Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma.

«Es un espaldarazo para el observatorio de La Palma», ha explicado Ramón García López, principal investigador del CTA en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Según ha dicho, gracias a esto, más de 1.000 astrofísicos de todo el mundo podrán captar la luz que procede de los confines del Universo, y observar cadáveres de supernovas (unas potentes explosiones que se producen cuando mueren algunas estrellas muy grandes) o los agujeros negros supermasivos, en el centro de algunas galaxias.

Según ha dicho, gracias a esta tecnología y a la calidad del cielo de Canarias, «estos telescopios serán como una ventana al Universo y multiplicarán por diez nuestra capacidad de observación».

Para detectar estos rayos, los telescopios concentran la luz con una parábola de espejos y rastrean la atmósfera terrestre en busca de fotones (las partículas de la luz) que libera el llamado efecto Cherenkov, un fenómeno que consiste en la generación de un destello imperceptible cuando estosrayos gamma «chocan» contra la atmósfera terrestre.

«En realidad, el telescopio es la propia atmósfera de la Tierra. Nosotros solo detectamos un estallido de luz azulada que se produce con este efecto, algo que se parece a lo que ocurre cuando un avión rompe la barrera del sonido», ha explicado el astrofísico.

Hasta ahora, los telescopios de rayos gamma que ya están en Roque de los Muchachos habían permitido publicar 100 artículos científicos (seis de ellos en la prestigiosa revista «Science») y explorar la Nebulosa del Cangrejo o los restos de una supernova que estalló en el año 1054, entre otras muchas cosas.



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