A los telescopios del Polo Sur llega luz del universo primitivo casi inalterada

El astrónomo John Kovac ha estado 24 veces trabajando en el Polo Sur, donde el equipo que dirige tiene instalados unos telescopios que observan la primera luz del universo. “La Antártida es un sitio estupendo para hacer investigación, es lo más parecido en la Tierra a estar en el espacio…”, afirma. Y cuenta que incluso ha pasado todo un invierno allí, en plena noche permanente.

Con uno de los telescopios, el Bicep-2, Kovac y sus colegas tomaron unos datos de gran precisión de la luz del cosmos primitivo en la que ellos creyeron haber identificado la firma de ondas gravitacionales primordiales, de cuando había transcurrido una mínima fracción de segundo tras el Big Bang. A las pocas semanas, surgieron dudas sobre esos resultados anunciados a bombo y platillo. Kovac y su equipo habían contado con que el efecto del polvo de la Vía Láctea sobre sus registros sería inferior de lo que es en realidad. Y el fantástico descubrimiento se quedó a la espera de que nuevas observaciones aclaren la situación. Kovac, de 44 años, Profesor de Astronomía y Física de la Universidad de Harvard, habla de su experiencia en el continente blanco, de los nuevos telescopios que están ya funcionando allí y, cómo no, del jarro de agua fría que supuso el año pasado tener que retractarse del colosal descubrimiento anunciado. Este astrónomo estadounidense ha dado una conferencia en Madrid sobre La primera luz, desde los confines de la Tierra, en la Fundación BBVA.



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