El vestido con el que baila la Vía Láctea gira con ella

En esa pista de baile que es el Universo, la Vía Láctea gira sobre sí misma a una velocidad, nada desdeñable, de 869.000 kilómetros por hora. Aunque lo más correcto sería decir que, en realidad, quien gira a esa velocidad es un disco imaginario en el que se acumulan la mayoría de las cosas que hay en la galaxia, como cientos de miles de millones de estrellas, más una buena colección de planetas, polvo y gas.

Más allá de eso hay una nube de gas muy caliente, que con imaginación podría asemejarse a un vestido vaporoso de dimensiones colosales (tanto como para llegar a las decenas de miles de años luz). La cuestión es que hasta ahora, la mayoría de los astrofísicos pensaban que esa nube de gas estaba inmóvil. Pero un reciente estudio publicado en «Astrophysical Journal», en el que han participado tanto la ESA como la NASA, ha concluido que este halo se mueve a una velocidad similar a la del disco y en la misma dirección.

«La gente sencillamente asumía que el disco de la Vía láctea giraba, pero que su gigantesca reserva de gas del halo estaba quieta», ha dicho Edmund Hodges-Kluck, el principal autor del estudio e investigador en la Universidad de Michigan, en un comunicado de la NASA. «Pero esto estaba mal, este halo está rotando también».

En concreto, mientras que el disco gira a una velocidad media de 869.000 kilómetros por hora, el halo gira un poco más despacio, a 644.000 kilómetros por hora. Pero, ¿de qué sirve descbrir esto?

«La rotación del halo es una pista incomparable para entender cómo se formó la Vía Láctea», ha dicho Hodges-Kluck. «Nos dice que esta atmósfera caliente es la fuente original de un montón de la materia del disco».

La materia oscura
Durante muchos años, los investigadores se han preguntado por qué las galaxias tenían, a simple vista, menos materia de la que deberían tener para explicar su gravedad y su movimiento. Esta incógnita fue la que llevó al concepto de materia oscura, una porción que abarca el 80 por ciento de toda la materia del Universo y cuya presencia solo se puede inferir a causa del tirón gravitacional.

Pero incluso en ese 20 por ciento restante de materia normal hay lagunas difíciles de llenar, déficits de materia que no se puede observar con los telescopios pero que debería estar en alguna parte. Recientemente, algunas investigaciones han situado la respuesta a este enigma en el halo. De ahí la importancia de entender mejor cómo se comporta el «vestido» de la Vía Láctea.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron la luz proveniente del cielo en busca del famoso desplazamiento hacia el rojo, un fenómeno que indica cuán rápido se aleja una fuente de luz del observador. Este efecto es similar al que se experimenta cuando el sonido de una sirena se aleja de alguien que escucha, de modo que se percibe una distorsión, pero en el campo de las ondas de luz y no de sonido. Además, estas observaciones se apoyaron en una extensa base de datos obtenida por el telescopio XMM-Newton.



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