La Gran Mancha Roja de Júpiter es una quemadura solar

El color rojizo de la conocida Gran Mancha Roja de Júpiter es resultado de los rayos ultravioleta del Sol en combinación con las sustancias químicas de su atmósfera.
Estos nuevos resultados de la misión Cassini, que han sido en la Reunión de Ciencias Planetarias de la Sociedad Astronómica Americana, contradicen la teoría, hasta ahora, más aceptada sobre el origen del llamativo color de la mancha: una conjunción de elementos bajo las nubes del planeta.

En el laboratorio, los investigadores bombardearon amoniaco y acetileno --gases de productos químicos que se sabe que existen en Júpiter-- con luz ultravioleta, para simular los efectos del Sol sobre estas materias en las alturas extremas de las nubes en la Gran Mancha Roja. Esto produjo un material de color rojizo, que el equipo comparó a la Gran Mancha Roja, tal y como se observa por el visible e infrarrojo del espectrómetro de Cassini (VIMS).
Los científicos encontraron que las propiedades de dispersión de luz de su 'brebaje' de color rojo eran idénticos al de la Gran Mancha de Júpiter, informa el Jet Propulsion Laboratory de la NASA..
El planeta está compuesto casi en su totalidad por hidrógeno y helio, con sólo un puñado de otros elementos. Los científicos están interesados en entender qué combinaciones de elementos son responsables de los colores vistos en sus nubes.
La Gran Mancha Roja es una característica de larga vida en la atmósfera de Júpiter, que es tan ancha como dos tierras. Júpiter posee tres capas principales de nubes, que ocupan altitudes específicas en sus cielos; de mayor a menor son: amoníaco, hidrosulfuro de amonio y nubes de agua.
UN FACTOR: LA ALTITUD
En cuanto al por qué el color rojo intenso sólo se ve en la Gran Mancha y en algunos puntos mucho más pequeños del planeta, los investigadores creen que la altitud juega un papel clave.
Concretamente, piensan que las grandes alturas permiten y mejoran el enrojecimiento, ya que se encuentran expuestos a mucha más luz ultravioleta del Sol. En este sentido, explican que los vientos trasladan partículas de hielo de amoníaco a lugares más altos en la atmósfera de lo habitual, donde están más expuestos a la estrella.



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