Reconstruyendo la tremenda colisión que sufrió el asteroide Vesta

Cuando la sonda Dawn de la NASA visitó el asteroide Vesta en 2011, sus observaciones ya sugirieron que unos surcos profundos que rodean su ecuador como un cinturón fueron probablemente causados por un impacto masivo sobre el polo sur de Vesta.

Ahora, usando un cañón especial de alta velocidad en el Centro Ames de Investigación de la NASA, el equipo de Peter Schultz, de la Universidad Brown en Providence, Rhode Island, Estados Unidos, y Angela Stickle, actualmente en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Laurel, Maryland, Estados Unidos, han obtenido resultados que parecen esclarecer el enigma de cuál fue la violenta cadena de eventos en las profundidades de Vesta que formó esos surcos en la superficie, algunos de los cuales son más grandes que el Gran Cañón del Colorado.

La investigación sugiere que la cuenca de Rheasilvia en el polo sur de Vesta fue creada por un objeto que impactó con un cierto ángulo, en vez de caer recto. Pero ese golpe de refilón aún ocasionó una cantidad inimaginable de devastación. El estudio indica que apenas segundos después de la colisión, las rocas en las profundidades del asteroide empezaron a romperse y desmenuzarse bajo la tensión. Antes de pasados dos minutos, fallas muy grandes alcanzaron las cercanías de la superficie, formando cañones aún visibles cerca del ecuador de Vesta, lejos del punto de impacto.

Fue en algunos aspectos como golpear un gong con una maza. Todo el interior de Vesta tembló, y lo que vemos en la superficie es la manifestación de lo que ocurrió en el interior.

En la nueva investigación se ha calculado que el objeto que creó la cuenca de Rheasilvia llegó con un ángulo de menos de 40 grados, volando a cerca de 18.000 kilómetros por hora (unas 11.000 millas por hora). Vesta tuvo suerte. Tal como valora Schultz, si la colisión hubiera sido directa, hoy tendríamos un asteroide grande menos, y a cambio un conjunto extra de fragmentos.



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