Así será la muerte anunciada de la nave Rosetta

La nave espacial Rosetta de la Agencia Espacial Europea (ESA) completará su misión el próximo 30 de septiembre con un descenso controlado sobre la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, que ha orbitado desde agosto de 2014. Esta nave es la que transportó al aterrizador Philae, el primer ingenio humano que logró posarse sobre un cometa.

Este final se debe a la distancia cada vez mayor de la sonda respecto del Sol y la Tierra. A medida que se acerca a la órbita de Júpiter, la energía solar que alimenta la sonda y sus instrumentos es cada vez menor, al igual que el ancho de banda utilizado para la transmisión de datos científicos, según ha informado la ESA en un comunicado.

El alejamiento dificulta la recarga suficiente de energía solar para operar a Rosetta y sus instrumentos, y ha reducido el ancho de banda disponible para el enlace descendente de datos científicos a nuestro planeta.

A ello se suma el envejecimiento de la nave y las duras condiciones del espacio por más de 12 años, de los cuales ha pasado 10 en su recorrido hacia el helado cometa y los últimos dos, orbitándolo.

En vista de todos estos factores, el equipo de científicos de la misión decidió que Rosetta debe aterrizar en la superficie del planeta, al igual que lo hizo su sonda Philae en 2014.

De acuerdo con lo planeado, las últimas horas del descenso permitirán a Rosetta hacer muchas mediciones, incluyendo la captura de imágenes de muy alta resolución, aumentando el retorno científico de datos más detallados y precisos. Las comunicaciones con la Tierra cesarán una vez que la nave llegue a la superficie del cometa y se apague.

Matt Taylor, científico del proyecto de la ESA, afirmó que tratarán de exprimir la mayor cantidad de observaciones en lo posible antes de que la nave se quede sin energía. «El 30 de septiembre marcará el fin de operaciones de la nave, pero el comienzo de la fase donde el enfoque completo de los equipos estará en la ciencia. Tenemos años de trabajo por delante, un análisis exhaustivo de sus datos», añadió.

En agosto, los operadores de Rosetta comenzarán a cambiar su trayectoria con vistas a su gran final, en la que la nave irá acercándose al punto más próximo del cometa a lo largo de una serie de órbitas elípticas.

«Planificar esta fase resulta mucho más complejo de lo que fue para el aterrizaje de Philae -reconoce Sylvain Lodiot, responsable de operaciones de la sonda Rosetta-. Las últimas seis semanas resultarán especialmente difíciles, ya que trazaremos órbitas excéntricas alrededor del cometa y esto es, en muchos aspectos, aún más arriesgado que el propio descenso final».

«Cuanto más nos acercamos al cometa, mayor influencia tiene su gravedad no uniforme, por lo que debemos controlar más la trayectoria y aumentar el número de maniobras; así, nuestros ciclos de planificación tendrán que ser mucho más breves», describe.

Las últimas maniobras
Una serie de maniobras específicas en los últimos días de la misión concluirán con un cambio de trayectoria final a unos 20 km y unas 12 horas antes del impacto, para que la nave inicie su descenso final.

Aún no se ha decidido sobre qué región impactará Rosetta, ya que los operadores y los científicos de la misión siguen analizando las ventajas e inconvenientes de las distintas trayectorias.

En general, sin embargo, se espera que el impacto se produzca a unos 50 centímetros por segundo, aproximadamente la mitad de la velocidad de aterrizaje de Philae en noviembre de 2014.

Los comandos cargados en los días previos garantizarán automáticamente que el transmisor y los instrumentos y unidades de control de actitud y órbita se desactiven tras el impacto, cumpliendo así los requisitos de eliminación de residuos espaciales.

En cualquier caso, es muy probable que, tras el impacto, la antena de alta ganancia de Rosetta no quede apuntando hacia la Tierra, por lo que las comunicaciones serán prácticamente imposibles.

Entretanto, la investigación científica continuará normalmente, a pesar de los riesgos: el mes pasado, la sonda entró en el 'modo seguro' a tan solo 5 kilómetros del cometa debido a una pérdida de rumbo del sistema de navegación provocada por el polvo. Rosetta se recuperó, pero el equipo de la misión no puede descartar que esto no vuelva a suceder antes del final previsto.

Como admite Patrick Martin, responsable de la misión: "Aunque estamos haciendo todo lo posible por garantizar la seguridad de Rosetta hasta ese momento, estos casi dos años de experiencia con el cometa nos han demostrado que las cosas no tienen por qué salir según lo planeado y, como siempre, tenemos que estar preparados para cualquier imprevisto. Este es el desafío definitivo para nuestros equipos y para la sonda, y será la mejor forma de finalizar esta increíble y exitosa misión".


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