¿Por qué un centenar de científicos piden una misión espacial a las lunas de Urano?


Urano es un planeta extraño: su eje de rotación está inclinado a casi 90 grados del plano de su órbita, por lo que uno de sus polos mira siempre al Sol y el otro nunca ve ni un solo rayo. También posee una rara magnetosfera asimétrica, tumbada como su eje de rotación, y significativamente desviada del centro del planeta. Y tiene nada más y nada menos que 27 lunas (conocidas) que podrían albergar potencial para contener vida. Pero todo esto lo sabemos solo gracias a una única misión de los años 80, la Voyager, la única que se acercó para ver in situ aquel mundo en los confines del Sistema Solar. Es por ello que un centenar de científicos han firmado un «whitepaper» -un documento guía- accesible a través del sitio en preimpresión Arxiv.org, para sentar las bases del regreso de nuestras naves hacia aquellos territorios, ya que, si con un solo proyecto se consiguió recabar tanta información a finales del siglo XX, ¿qué no podríamos descubrir con la tecnología actual?


Después de que la Voyager 2 tomase unas imágenes icónicas en 1986, los únicos datos nuevos sobre Urano han llegado de observatorios terrestres que solo han podido «arañar» la superficie. Es por ello que investigadores encabezados por Richard Cartwright, del Instituto SETI (siglas de «Search for extra terrestrial intelligence» o búsqueda de vida extraterrestre inteligente), y Chloe B Beddingfield, compañera del SETI y científica del Centro de Investigación Ames de la NASA, han firmado un documento para pedir una misión a partir de 2030, momento en el que la gravedad de Júpiter ayudará a la sonda a llegar a su destino -una situación que solo ocurre cada varias décadas-.

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