A menudo, los halos gaseosos muy tenues que acompañan a astros como la Luna son descartados como atmósferas, y se tiende a pasar por alto las interacciones que esa sutil pero existente capa tiene con la geología de su astro y con otros aspectos de la naturaleza de éste.Brian Day, del Instituto de Ciencia Lunar de la NASA, tiene muy clara esta situación, y aboga por una mayor dedicación de la comunidad científica a investigar estos halos gaseosos, que quizá deban comenzar a ser considerados como atmósferas de pleno derecho.
Hasta hace poco, casi todo el mundo aceptaba la idea convencional de que la Luna no tiene atmósfera, por considerarse que su exiguo halo gaseoso no podía ser tenido en cuenta. De igual modo que el descubrimiento de agua en la Luna transformó el conocimiento clásico del vecino celeste más cercano de la Tierra, estudios recientes confirman que la Luna tiene lo que debe ser considerado como una atmósfera. Ésta consta de algunos gases inusuales, incluyendo sodio y potasio, que no se encuentran en cantidades relevantes en las atmósferas de la Tierra, Marte o Venus.
La atmósfera lunar es muy tenue. A nivel del mar, cada centímetro cúbico de la atmósfera de la Tierra contiene 10.000.000.000.000.000.000 de moléculas. En cambio, la atmósfera lunar tiene menos de 1.000.000 de moléculas en el mismo volumen. Eso todavía suena como si fuese una gran cantidad, pero en la Tierra es lo que consideramos como un muy buen vacío. De hecho, la densidad de la atmósfera en la superficie de la Luna es comparable a la densidad de los bordes exteriores de la atmósfera de la Tierra, en donde orbita la Estación Espacial Internacional.









